Cuando alguien a nuestro alrededor hace algo que no nos gusta, tendemos a señalárselo con la creencia de que así lo cambiará, es decir, hacemos una crítica. Y todos, también nos damos cuenta de que en muchas ocasiones esto no funciona.
Este proceder lo utilizamos especialmente con los niños, a los que hay que corregirles comportamientos constantemente. Sin embargo, los niños son especialmente sensibles a la crítica, sobre todo si viene de las personas más importantes para ellos, sus padres.
Hay veces que no encontramos ante una situación complicada, que no sabemos resolver nosotros solos y nuestro entorno no puede ayudarnos por distintos motivos.
A pesar de ello, nos resistimos a acudir a un terapeuta.
Los prejuicios y el miedo a ser juzgados muchas veces nos impiden a acudir a la consulta del psiquiatra o del psicólogo, pero para estar bien necesitamos ir a un profesional que sepa tratar el problema.
Todos nos encontramos en situaciones en las que querríamos decir “no” y sin embargo no lo hacemos, renunciando a un derecho propio. Creemos que decir que “no” no resulta apropiado, que es egoísta y poco considerado con los demás. Tememos que los demás se molesten y piensen mal de nosotros, que les defraudemos. Y eso nos perjudicaría. En otras ocasiones, no nos negamos porque no confiamos en nuestra capacidad para argumentar nuestra negativa o tememos tener un punto de vista equivocado. Y a veces, es simplemente por pereza, porque es más cómodo decir que sí y “tener contentos” a los demás.
De nuevo Empaty vuelve a ser referencia en los medios de comunicación, esta vez nos contactaron desde el prestigioso diario “La Vanguardia” para aportar nuestra opinión sobre el llamado TAE. No, no hablamos de como nos sube o baja el interés de la hipoteca. El TAE es el síndrome de trastorno estacional y en esta ocasión Beatriz Francisco Psicólogo de nuestro centro explica muy claramente lo esencial sobre este trastorno.
APROXIMADAMENTE UN 14 POR CIENTO DE LOS NIÑOS MUESTRA UN INICIO TARDÍO EN LA ADQUISICIÓN DE LAS PRIMERAS PALABRAS.
Todos sabemos que unos niños comienzan a caminar o a hablar antes que otros, razón por la cual nadie se preocupa ante estos hechos en principio normales. Pero si al cumplir los dos años se observa que un niño presenta dificultades para hablar, que no se entiende lo que dice, que se “come” sonidos o agrega otros sin ton ni son… puede que sea el momento de visitar a un especialista para dilucidar si sólo se trata de un simple problema de inmadurez en la capacidad de comunicación del pequeño o si, por el contrario, existe un trastorno que requiere atención profesional.